Quíenes somos y dónde caminamos?

Quíenes somos y dónde caminamos?

 

CAMINA NEPAL nace en el año 2014, después de que sus miembros fundadores: Bea, Gonzalo, Bárbara, Marta, Nóe y Sol, coincidiéramos en Nepal como voluntarios en dos casas de acogida para niños y niñas en la ciudad de Hetauda. Fruto de esta experiencia se crea un vínculo entre nosotros que va más allá en el tiempo, uniéndonos un sentimiento por un país, su gente, y sobre todo, sus niños y niñas que a pesar de tener muy poco, incluso nada, te lo dan todo. Esa inolvidable vivencia nos lleva a realizar este proyecto para seguir caminando junto a ellos.

Durante nuestro trabajo en estas dos casas vivimos in situ las diferentes problemáticas a las que se enfrenta la infancia nepalí: orfandad, abandono, falta de recursos económicos en la familia, situación de maltrato y abuso.
Con toda esta información Camina Nepal decide emprender este proyecto y colaborar de forma activa con la ONG Nepalí Gramin Jivan Star Sudhan Manch, formada por la familia Neupane, la cual gestiona una de las casas de acogida con las que realizamos nuestro voluntariado. Esta casa no siempre cuenta con recursos suficientes, por lo que Camina Nepal pretende contribuir económicamente para asegurar las necesidades básicas de los 30 niños y niñas que viven en ella.
Otra problemática de la cual fuimos testigos es que la situación de estos menores se complica al cumplir los 18 años ya que, por imperativo legal, deben abandonar las casas de acogida. Algunos tendrán que volver a sus hogares, en los cuales no se dispone de medios económicos para ayudarles a continuar con sus estudios, pero más cruda es la realidad de los que no tienen familia, pues se verán en situación de desamparo absoluto. Es por ello que desde Camina Nepal creemos que resulta necesario proporcionar a estos jóvenes un techo donde vivir y un apoyo para continuar con sus estudios o adquirir una formación alternativa que incremente sus posibilidades de vivir de manera independiente.

DÓNDE CAMINAMOS?

Nuestro proyecto se localiza en Nepal. Su extensión territorial recorre desde la parte más montañosa donde están situadas ocho de las catorce cumbres más altas de la Tierra, a lo largo de la cordillera himalayense, hasta las planicies del sur en la zona del Terai.

Nuestras acciones se van a llevar a cabo en Hetauda. Es una ciudad industrial a  80 km de Kathmandú con aproximadamente 85.000 habitantes. Sus características geográficas y clima, ha favorecido que sea una opción de residencia para las personas que migran desde las regiones montañosas del norte al sur, aumentando la población cada año.


POR QUÉ NEPAL?

Nepal es uno de los países más pobres y menos desarrollados del mundo. A pesar de la ayuda internacional que mantiene el país a flote y dependiente, los niños y niñas nepalíes no tienen acceso a sus derechos. 

Casi la mitad de la población de Nepal vive por debajo del umbral de la pobreza, no puede satisfacer las necesidades básicas de su familia, y por ello su calidad de vida se ve mermada día a día. Por su vulnerabilidad, los niños y niñas son uno de los grupos de población más afectados.

La salud de los niños y niñas es especialmente frágil y suelen padecer desnutrición y diabetes. Enfermedades como el VIH siguen causando preocupación, ya que más de la mitad de los jóvenes no hacen uso de métodos preventivos.
La educación tan sólo es obligatoria hasta los 11 años. Sin embargo, esto no se cumple y muchos niños y niñas dejan la escuela antes. El sistema educativo es también muy deficiente. Factores como la falta de infraestructuras, materiales, profesionales y la existencia de zonas rurales aisladas dificultan el acceso a la educación.
La violencia hacia los niños y niñas sigue presente en muchos ámbitos de sus vidas, tanto en el contexto familiar como en el educativo.
El trabajo infantil es una gran mancha negra en la sociedad nepalí. Más del 30% de los niños y niñas trabaja cada día, y lo hacen en condiciones precarias e incluso en ocasiones peligrosas.

El tráfico de menores está muy extendido en Nepal. Los traficantes arrancan a muchas niñas de sus familias. Algunas deciden incluso buscarlos ellas mismas, en busca de una vida mejor. Una vez que llegan a la ciudad son vendidas a los burdeles. Algunas tienen solo 7 años. Este trato sexual tiene grandes consecuencias negativas en su futuro. Traumas, enfermedades y trastornos psicológicos se convierten en su destino, debido a los abusos que han sufrido.
Los matrimonios precoces abundan ya que no siempre se respeta la edad mínima que marca la ley sobre el matrimonio. En muchas comunidades, como la Newar en Katmandú, es común que se prometa a los niños y niñas sin tener en cuenta su opinión. También existen rituales de matrimonio que pueden traumatizar a las niñas, que muchas comunidades aún practican.

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